Excel, WhatsApp o "ya nos arreglamos" — por qué nada de eso funciona

Y por qué el "sistema" que inventaste no es un sistema

La pensión alimenticia cubre lo básico. Comida. Vivienda. Ropa. Eso, en teoría, queda resuelto por acuerdo o por el juez.

Después viene todo lo demás.

  • Ortodoncia. 800.
  • Inscripción a fútbol. 150 por temporada.
  • Útiles escolares en febrero o septiembre. 120.
  • Consulta con el oftalmólogo. 60.
  • Campamento de verano. 400.
  • Lentes nuevos. 200.

Da igual si es en pesos, guaraníes o dólares. El problema no es la moneda. Es que nadie sabe quién pagó qué.

¿Quién paga eso? ¿Está incluido en la pensión? ¿Se divide a la mitad? ¿En proporción al ingreso de cada uno?

En la mayoría de los países de América Latina, estos se llaman gastos extraordinarios — consultas médicas no cubiertas, actividades extracurriculares, materiales escolares, tratamientos — y caen en una zona gris entre la pensión y la buena voluntad. Algunos convenios lo detallan. Muchos no. Y aun cuando lo hacen, el convenio dice cuánto le toca a cada quien. No dice cómo llevar el registro.

Ahí es donde se rompe todo.

WhatsApp no es un registro de gastos

En América Latina, WhatsApp es todo. Es el canal para el trabajo, la familia, los amigos y, por supuesto, la coordinación con tu ex sobre los hijos.

Cuando los gastos del niño se resuelven por WhatsApp:

  • "Pagué $60 del oculista" queda entre la foto de la tarea y el mensaje de "lo paso a buscar a las 5"
  • nadie sabe si fue aceptado
  • nadie sabe si fue pagado
  • en un mes ya no lo encuentras
  • y si lo encuentras, empieza la discusión sobre qué significaba

Un mensaje de WhatsApp no es un gasto registrado. Es una frase. No tiene estado. No tiene confirmación. No tiene saldo.

Y cuando tres meses después necesitas saber quién le debe cuánto a quién, estás haciendo scroll entre 500 mensajes, dos discusiones sobre los horarios y un audio de cuatro minutos que ya no quieres escuchar.

Eso no es un sistema. Es un archivo de frustraciones.

El Excel parece profesional. Por dos semanas.

Google Sheets. Excel. Se ve serio. Columnas para fecha, descripción, monto, quién pagó, quién debe. Quizás hasta una fórmula que calcula el saldo.

Funciona unas dos semanas.

Después:

  • Un padre deja de actualizarlo.
  • El otro no confía en los números.
  • No hay aprobación — solo filas que alguien escribió.
  • No hay notificación cuando se agrega algo.
  • Alguien edita una celda y los totales del mes pasado ya no cuadran.

Una hoja de cálculo compartida entre dos personas que se separaron es una invitación al conflicto. ¿Quién cambió ese número? ¿Cuándo? ¿Por qué antes decía 80 y ahora dice 65?

Una hoja de cálculo no tiene historial de cambios confiable. No tiene concepto de "aprobado" o "pendiente". Es un archivo plano. Y los archivos planos no resuelven problemas de confianza.

La libreta. En serio.

Sí, hay padres que anotan los gastos de sus hijos en una libreta. A mano. En papel.

Funciona mientras:

  • esa libreta no la vea el otro padre
  • esa libreta no se pierda
  • esa libreta no termine "en algún lado"
  • nadie necesite los datos de los últimos 6 meses

Una libreta no es compartida. No es clara. Y cuando llega la discusión, es tu palabra contra la suya. Más la libreta.

Intenta llegar con una libreta a una audiencia donde tu ex dice que ya pagó la mitad de todo. El juez va a valorar tu esfuerzo, pero habría preferido un PDF.

"Ya nos arreglamos" no es un plan

El "sistema" más común entre padres separados en Latinoamérica es ningún sistema.

"Yo pago la escuela, tú pagas las actividades, y lo demás lo vemos después."

Después. Esa palabra carga con la mayoría de los conflictos.

Eso funciona tal vez los primeros tres meses. Hasta que llega el regreso a clases y con él los útiles, los uniformes, la inscripción, el seguro escolar, los zapatos nuevos y la cuota del transporte. Todo junto. Todo al mismo tiempo. Y nadie sabe quién va ganando.

Sin un registro compartido, no hay realidad compartida. Un padre cree que le deben $300. El otro cree que son $100. Los dos están frustrados. Ninguno tiene prueba.

Y cuando toca revisar la pensión o ir a una audiencia, el juez quiere ver gastos reales. No estimaciones. No "yo creo que gasté como..." Números. Fechas. Categorías.

Lo que realmente necesitas

No es mucho. Pero es exactamente esto:

  • Ambos padres ven los mismos datos. No "mi versión" y "tu versión".
  • Cada gasto tiene un monto, una fecha, una categoría y una nota.
  • Cada gasto requiere aprobación del otro padre. No "lo leyó". Aprobación.
  • Hay un saldo acumulado. Claro. Actualizado. Sin necesidad de calcularlo.
  • Cuando se agrega un gasto, el otro padre recibe una notificación.
  • Cuando algo necesita aprobación, lo sabes.
  • Se puede exportar. PDF. CSV. Para ti, para tu abogado, para tu tranquilidad.
  • Y cuando llegue el momento de revisar la pensión, tienes 12 meses de gastos documentados. No suposiciones. Datos.

Eso no es complicado. Pero ningún chat, hoja de cálculo ni libreta lo ofrece.

No se trata de controlar. Se trata de no tener que adivinar.

Cuando ambos padres ven los mismos números:

  • no hay que demostrar nada
  • no hay que buscar en el chat
  • no hay que mandar recordatorios
  • no hay que discutir sobre lo que alguien "dijo" hace tres meses

Los números son números. O cuadran o no. Y cuando los ven los dos, no hay nada que pelear.

Simple. Claro. Directo.

Duo — Gastos compartidos de los hijos

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